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23/09/2014 09:57 am
Cinco lecciones de un almuerzo de US$650.000 con Warren Buffett....
Lo que aprendí en ese evento me cambió la vida.

Por : Guy Spier - En 2008, mi amigo Mohnish Pabrai (un empresario e inversionista indio-estadounidense) y yo nos sentamos con nuestras familias para almorzar con Warren Buffett en el restaurante Smith and Wollensky, en Nueva York. Aunque para ese entonces yo era un seguidor cercano de Buffett, lo que aprendí en ese evento me cambió la vida. 

Tanto así que un año después de ese encuentro había salido de Nueva York y de Estados Unidos para vivir en Zúrich, Suiza. Estas son algunas de las cosas que aprendí:

1. Lo no convencional es a menudo mejor

Esta lección comenzó para mí incluso antes de que empezáramos a hacer ofertas en la subasta por el almuerzo, cuyos fondos se destinaron a una obra de caridad. Mi idea convencional era que sería muchísimo dinero para un simple almuerzo, incluso si era con el mejor inversionista en la historia y el hombre más rico del mundo en ese momento.

Sin embargo, Mohnish me ayudó a comprender que, además de agradecer por todo lo que Buffett nos había enseñado, el almuerzo realmente sería una clase maestra sobre inversión y vida. Muchas donaciones van acompañadas únicamente de una placa y una carta de agradecimiento. Este venía con la oportunidad de reunirse y aprender de un hombre extraordinario.

Durante el almuerzo, le dije a Buffett que había aprovechado la oportunidad de conocerlo para convencer a mis asesores que me permitieran reducir mis comisiones: no quería presentarme como el participante que cobraba más a sus clientes. Le expliqué lo difícil que esto era para mí, a pesar de saber que era lo correcto. Así que le pregunté: "¿Se vuelve más fácil (con el tiempo) hacer lo correcto en los negocios?" Hizo una pausa para pensar y dijo que sí, se vuelve un poco más fácil. Pero agregó: "La gente siempre lo va a disuadir de hacer lo correcto si no es convencional".

2. Siga siendo niño

Mohnish llevó al almuerzo a sus hijas, Monsoon y Momachi, y Buffett gozó conversando con ellas. Cuando el menú llegó, les confesó que de adulto no come nada que no le gustaba también cuando tenía 5 años. Este modo juguetón con las niñas de Mohnish e incluso con la comida claramente se aplica a otras áreas de la vida de Buffett.

En nuestra conversación, dio muestra de una curiosidad intensa y jovial que la mayoría de los niños pierden cuando llegan a la adolescencia. Buffett estaba sinceramente interesado en nosotros y quería aprender lo máximo posible. No porque fuésemos muy especiales, sino debido a su mente extraordinaria e inquisitiva.

3. Aprenda a decir que 'no'

Durante el almuerzo, Buffett nos mostró su agenda, que estaba en gran parte vacía. Le gusta tener su tiempo no estructurado y dejar amplio margen para la espontaneidad. Cuando le pregunté que si había creado Berkshire Hathaway con un plan concreto en mente, hizo el esfuerzo de explicarme que Berkshire era de esa forma porque encajaba con él y su idiosincrasia. Me di cuenta de que Buffett no estaba para nada dispuesto a comprometer su felicidad personal para lograr alguna meta corporativa.

Claro, una vez que tienes un mínimo de éxito, marchar a ritmo propio significa decir "no" a muchas cosas. Al observar a Buffett, me di cuenta de que aunque es un hombre amable de corazón no tiene absolutamente ningún problema con experimentar la incomodidad momentánea que viene al decir que no. Conforme me percataba de esto, me puse la meta de mejorar mucho en mi propia habilidad de decir que no.

4. Descubra y escuche su propia 'evaluación interna'

Quizás la lección más profunda fue la distinción que Buffett hizo entre la evaluación "interna" y "externa", y la forma en que nos mostró la gran importancia de tomar decisiones de acuerdo a la evaluación interna.

Esta es otra forma de contestar la pregunta sobre si estamos realmente marchando a nuestro propio ritmo. Buffett lo enseñó al preguntarnos lo siguiente: "¿Te gustaría ser considerado en público como el mejor amante de mundo, pero en privado saber que eres el peor? O, más bien, ¿te gustaría ser considerado en público el peor amante del mundo y en privado saber que eres el mejor?"

La respuesta era evidente, pero me percaté en ese momento de todas las cosas que había hecho motivado por lo que los demás pensarían de mí. Comprender ese concepto dio en el clavo de mis propias dudas y después del almuerzo me propuse escuchar con mayor cuidado a mi evaluación interna. Fue esta distinción que me hizo caer en cuenta que tenía que marcharme de Nueva York y me ayudó a decidir mi traslado a Zúrich.

5. Invierta tiempo y energía y tome riesgos para las relaciones correctas

El almuerzo me ayudó a caer en cuenta que anteriormente había subestimado la importancia de asegurar que estaba rodeado de personas mejores que yo, que me pueden ayudar a mejorar. Hoy en día, tengo la suerte de no preocuparme por comprar un boleto de avión transatlántico y experimentar el jet lag, si significa que podré dedicar momentos de calidad con alguien a quien admiro y de quien puedo aprender.

El costo de ese almuerzo y el riesgo relacionado con el mismo me enseñó que el valor de las relaciones y el tiempo y la energía que se necesitan para fortalecerlas, no tiene precio.

 


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